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Sueño en la menopausia
De qué trata
¿Por qué muchas mujeres empiezan a dormir mal en la perimenopausia y la menopausia, y qué se puede hacer? En esta charla de la Asociación Colombiana de Menopausia, la Dra. Lina Agudelo, neuróloga experta en medicina del sueño, explica cómo es el sueño normal y qué cambia en esta etapa de la vida.
La charla aclara que no todo mal dormir es un trastorno, desmiente el mito de que todos necesitamos ocho horas y explica cómo la caída de los estrógenos y la progesterona reduce el sueño profundo y el sueño REM, aumenta los despertares y favorece el insomnio, la apnea del sueño y el síndrome de piernas inquietas. También describe las herramientas que tienen más evidencia: la actividad física, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, las técnicas de relajación y los hábitos de sueño, y las señales de alarma para consultar a un especialista.
En las preguntas se habla de qué hacer cuando ya se hace todo y se sigue durmiendo mal, de los suplementos (omega 3, ashwagandha, melatonina y magnesio), de los productos para dormir de venta libre, de cuándo usar medicamentos y del papel de la terapia hormonal.
Autoevaluación
Intente responder estas preguntas. Si tiene dudas, vaya directo al minuto del video donde se responde.
- ¿Por qué duermo peor en la menopausia?
- ¿Es cierto que hay que dormir ocho horas?
- ¿Sirven la melatonina, el magnesio o la ashwagandha?
- ¿Qué hago si ya tengo buenos hábitos y sigo sin dormir bien?
- ¿Cuándo debo consultar a un especialista en sueño?
Resumen
El sueño es una necesidad fisiológica: sirve para ahorrar energía, reparar los músculos, consolidar la memoria, limpiar el cerebro y regular las hormonas y el metabolismo. No todos necesitan ocho horas, pero dormir menos de seis se asocia con más riesgo cardiovascular. En la transición menopáusica, la caída de los estrógenos y la progesterona reduce el sueño profundo y el sueño REM, aumenta los despertares, retrasa el inicio del sueño y cambia el ritmo circadiano. Además, aumentan el insomnio, la apnea del sueño (por cambios en la distribución de la grasa y en la respiración) y el síndrome de piernas inquietas, que muchas veces pasan desapercibidos. Tener síntomas no es lo mismo que tener un trastorno: el trastorno afecta la calidad de vida durante el día. Lo que más evidencia tiene es la actividad física y la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (pasar menos tiempo despierta en la cama, controlar la luz y el ruido, corregir expectativas), junto con técnicas de relajación como el yoga y el mindfulness; la higiene del sueño es un complemento. Los suplementos (omega 3, ashwagandha, melatonina, magnesio) pueden ayudar en casos seleccionados, pero no son inocuos y pueden interactuar con otros medicamentos. Los medicamentos deben ser indicados por un médico y pensados para un tiempo limitado. La terapia hormonal, en las candidatas, también mejora el sueño. Hay que consultar a un experto si hay ronquidos o pausas en la respiración, somnolencia excesiva de día, movimientos o conductas anormales durante el sueño, abuso de medicamentos o insomnio que no mejora.