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Atención psicoemocional después de un terremoto: del impacto agudo a la recuperación y la resiliencia
De qué trata
¿Qué le pasa a nuestra mente después de un terremoto, cuándo una reacción es normal y cuándo hay que buscar ayuda? Pocos días después del sismo que afectó al Eje Cafetero y al Valle del Cauca, el Capítulo Eje Cafetero de la Asociación Colombiana de Menopausia reunió a un psiquiatra, un psicólogo y un médico de urgencias para hablar de la atención emocional de los afectados y de quienes los ayudan.
En la conversación se explican las fases que vive una persona después de un desastre (impacto, reacción y recuperación), las señales de alarma de estrés postraumático, crisis de pánico, depresión y riesgo suicida, y cómo se manifiestan en los niños. También se habla de cómo acompañar a los niños a través de sus padres y cuidadores, qué decir y qué no decir a una persona en crisis, cuándo están indicados los medicamentos y por qué no se recomiendan las benzodiacepinas en la fase aguda, cómo funciona el triaje en urgencias y en el sitio del desastre, y cómo cuidar la salud mental de médicos, rescatistas, bomberos y voluntarios.
Autoevaluación
Intente responder estas preguntas. Si tiene dudas, vaya directo al minuto del video donde se responde.
- ¿Es normal sentir miedo, insomnio o irritabilidad después de un terremoto?
- ¿Cuándo debo buscar ayuda de un psicólogo o psiquiatra?
- ¿Cómo hablo con mis hijos después de un sismo?
- ¿Qué señales indican que alguien está en riesgo de hacerse daño?
- ¿Qué le digo a una persona en crisis?
- ¿Sirven las pastillas para dormir o para los nervios?
- ¿Cómo me cuido si estoy ayudando a otros?
Resumen
Después de un terremoto se viven tres fases. En el impacto hay shock, bloqueo, miedo a las réplicas, insomnio e hipervigilancia. En la reacción, desde los días siguientes hasta la cuarta semana, aparecen tristeza, culpa, irritabilidad, problemas de sueño y de concentración. En la recuperación, la persona se organiza, ayuda y vuelve a la rutina. Si los síntomas no mejoran en uno a seis meses, debe valorarlo un psiquiatra. El personal de primera respuesta no debe diagnosticar, sino identificar, contener y remitir. Son señales de alarma haber estado atrapado, haber visto muertos o heridos o haber perdido a un familiar; en el estrés postraumático, la disociación, revivir el evento una y otra vez y evitar todo lo que lo recuerde; en el pánico, taquicardia, dolor en el pecho y miedo a morir; en la depresión y el riesgo suicida, el llanto con desesperanza, el aislamiento, dejar de comer o bañarse, hablar de la muerte, despedirse o regalar las cosas, y el consumo de alcohol o pastillas para dormir. En los niños, mojar la cama, no separarse de los adultos o quedarse callados. A los niños se les ayuda sobre todo a través de padres y cuidadores que manejen sus propias emociones. Ante una persona en crisis hay que escuchar, mostrar empatía y no juzgar ni minimizar («a otros les fue peor»). Los medicamentos no son la base de la atención aguda: se considera un hipnótico suave si el insomnio dura varias noches e impide funcionar, y no se recomiendan las benzodiacepinas en la fase aguda. El triaje existe para atender primero a quien está en riesgo de morir; no todo malestar es una urgencia. Quienes ayudan también necesitan cuidado: pausas, comer, hidratarse y dormir, turnos con espacios de descompresión, hablar con la familia, evitar el alcohol para dormir y pedir apoyo si aparecen pesadillas, irritabilidad o aislamiento.