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Plenipausia 2026: el desafío del dolor crónico en la mediana edad
De qué trata
Siete de cada diez mujeres en la transición a la menopausia tienen dolor, y en muchas se vuelve crónico. ¿Es la edad, son las hormonas o hay algo más? ¿Y cómo afecta el sueño, el movimiento, el ánimo y la vida íntima?
En este conversatorio del Capítulo Eje Cafetero de la Asociación Colombiana de Menopausia, tres especialistas miran el dolor crónico de la mediana edad desde la plenipausia: una invitación a vivir esta etapa con salud, autonomía y plenitud, no como un declive. Se habla de cómo la caída de los estrógenos influye en el dolor articular y muscular, cómo diferenciarlo de las causas reumatológicas, endocrinas o metabólicas, qué evidencia hay sobre la terapia hormonal, qué papel tienen la grasa visceral y la resistencia a la insulina, y cómo cuidar el músculo y el hueso con las terapias con incretinas para bajar de peso. También se explica por qué el ejercicio empieza por recuperar las actividades de la vida diaria y no por el gimnasio, y cómo el dolor afecta el deseo, la excitación, el orgasmo y la pareja, con una propuesta de sexualidad que no se reduce a la penetración y en la que la mujer pone los límites.
Autoevaluación
Intente responder estas preguntas. Si tiene dudas, vaya directo al minuto del video donde se responde.
- ¿Por qué aparece el dolor articular y muscular en la menopausia?
- ¿Cómo diferenciar el dolor de la menopausia de una enfermedad reumatológica?
- ¿La terapia hormonal mejora el dolor crónico?
- ¿Qué ejercicio conviene si tengo dolor en la menopausia?
- ¿Cómo afecta el dolor crónico la vida sexual y la pareja?
- ¿Cómo bajar de peso con incretinas sin perder músculo?
Resumen
La plenipausia propone mirar la mediana edad como una etapa para vivir con salud, autonomía y plenitud, y no solo como el fin de la vida reproductiva. En ese marco, tres especialistas analizan el dolor crónico de la transición menopáusica. La deficiencia de estrógenos pierde su efecto antiinflamatorio y protector sobre el cartílago, los tendones y el músculo, y se asocia a dolor articular y muscular difuso, migratorio y con fatiga, que afecta a cerca de siete de cada diez mujeres. Para diferenciarlo de otras causas hay que caracterizarlo: la rigidez matutina de más de una hora o la inflamación apuntan a enfermedad reumatológica. El abordaje empieza por una historia clínica completa y es interdisciplinario. La terapia hormonal tiene un beneficio modesto sobre el dolor, según el estudio WHI, y la grasa visceral produce inflamación y resistencia a la insulina que perpetúan el dolor y elevan el riesgo cardiometabólico. Antes de recomendar fuerza o gimnasio, el ejercicio debe recuperar las actividades de la vida diaria que la mujer ha perdido por miedo al movimiento. Se sigue con capacidad aeróbica, control neuromuscular y equilibrio, y después de 8 a 12 semanas con yoga, pilates, tai chi y entrenamiento de fuerza. Con las incretinas para bajar de peso hay que priorizar la proteína, comer fraccionado y hacer ejercicio de resistencia para no perder músculo ni hueso. En lo sexual, el dolor disminuye el deseo, la excitación y el orgasmo y puede llevar a la evitación y a la fobia sexual, agravadas por la presión de la pareja y por el sesgo de género que hace que el dolor de la mujer no se crea. La propuesta es escucharla, que ella ponga los límites, ampliar la sexualidad más allá de la penetración y remitir a terapia sexual cuando haga falta.