Inicio / Academia / Salud íntima y sexualidad
Vulvodinia en la perimenopausia: un dolor real, aunque no se vea
De qué trata
Ardor vulvar, dolor con la penetración o al sentarse, tratamientos para hongos que no funcionan y exámenes que salen normales: la vulvodinia es un dolor real aunque no se vea, y en la perimenopausia se confunde con infecciones o con el síndrome genitourinario de la menopausia.
En esta charla de cierre del Día Mundial de la Menopausia 2026, «¿Te duele y nadie te ha explicado por qué?», la Dra. Joana Mateos, médica psiquiatra, explica cómo reconocer y tratar la vulvodinia a partir del caso de una paciente de 47 años con 18 meses de ardor y consultas sin respuesta. Muestra cómo fenotipar el dolor con una historia detallada y el mapeo con hisopo, el papel del nervio pudendo y del piso pélvico, cómo la caída de los estrógenos y la sensibilización convierten un dolor local en un dolor crónico, en qué se diferencia del síndrome genitourinario y por qué la vulvodinia es un diagnóstico de exclusión. Propone un examen ginecológico respetuoso, con permiso y explicación en cada paso, y un manejo multidisciplinario: autocuidado, lubricantes e hidratantes, fisioterapia de piso pélvico, medicamentos moduladores del dolor (con cuidado de la polifarmacia), estrógeno local cuando está indicado, terapia sexual y salud mental desde el principio, sin que remitir a psiquiatría signifique decirle a la paciente que «es psicológico».
Conferencista: Dra. Joana Mateos, médica psiquiatra. Presenta: Dra. Isabel Jáuregui, presidenta de ASOMENOPAUSIA.
Autoevaluación
Intente responder estas preguntas. Si tiene dudas, vaya directo al minuto del video donde se responde.
- ¿Qué es la vulvodinia?
- ¿Por qué arde la vulva si los cultivos salen normales?
- ¿En qué se diferencia la vulvodinia del síndrome genitourinario de la menopausia?
- ¿Cómo se trata la vulvodinia?
- ¿Por qué remitir a salud mental no significa que el dolor sea imaginario?
Resumen
La vulvodinia es un dolor vulvar de más de tres meses sin una causa identificable que lo explique, y en la perimenopausia se confunde con infecciones y con el síndrome genitourinario de la menopausia. La Dra. Mateos parte del caso de una mujer de 47 años con 18 meses de ardor vulvar y dolor con la penetración, tratada una y otra vez con antifúngicos, con cultivos normales y una relación de pareja en crisis: la «papa caliente» que pasa de un médico a otro. Explica que el diagnóstico es de exclusión y exige una historia detallada (dónde, cuándo, cómo y desde cuándo duele), el mapeo del dolor con hisopo, la evaluación del piso pélvico (la hipertonía favorece la neuralgia del pudendo) y descartar infecciones, dermatosis, lesiones, trauma físico o emocional y el síndrome genitourinario. La caída de los estrógenos hace más vulnerable el tejido urogenital, y con el tiempo el dolor local se vuelve un dolor sensibilizado que el cerebro amplifica. Insiste en un examen ginecológico con permiso y explicación en cada paso, en validar el dolor aunque no se vea y en remitir a salud mental desde el principio, sin transmitir que «todo está en la cabeza». El manejo es escalonado y multidisciplinario: autocuidado (jabones, toallas, ropa interior), lubricantes e hidratantes, fisioterapia de piso pélvico con desensibilización y biofeedback, lidocaína tópica, tricíclicos, duloxetina o venlafaxina, gabapentinoides (vigilando la polifarmacia y el síndrome serotoninérgico), estrógeno local o terapia hormonal cuando está indicada, terapia sexual que amplíe la sexualidad más allá de la penetración, y revaluación periódica en equipo. La meta es menos interferencia, más función y más calidad de vida.