Remembranzas de la medicina Colombiana

 

Por Israel DÍAZ RODRIGUEZ

 

Me parte el alma ver que cada día todo en ti va desapareciendo, aquella sonrisa permanente de tu rostro que me estimulaba a seguir viviendo, tu dinamismo  que no daba cabida al descanso, todo, todo, en ti se va lentamente acabando, mirarte, para mí, es un tormento porque no está en mis manos enderezar el rumbo de la enfermedad que te consume.

A veces, cuando tienes esos destellos de energía que cada día van siendo menos frecuentes, el dolor de mi alma se acrecienta y confundido, no sé si estrecharte en mis brazos y cubrirte de amorosos besos pero me abstengo de hacerlo porque tengo la impresión que ello te lastima.

En mi doloroso silencio, me es imposible decirte todo lo que tú has significado en mi vida, mentalmente repaso la larga trayectoria de nuestras vidas juntos y lo complemento con mirar el álbum donde las fotografías revelan por sí solas  como ha sido nuestra vida, juntos siempre, siempre juntos, luchando unidos.

ISRAEL DÍAZ RODRÍGUEZ: GINECÓLOGO Y ESCRITOR

 

Dr. Israel Julián Díaz Rodriguez

 

Una tarde de octubre del 2019, al término de un encuentro de la Asociación Colombiana de Menopausia en Barranquilla, una invitación tan inesperada como grata me llevó al encuentro del doctor Israel Díaz Rodríguez. Notable representante de mi especialidad, la ginecología, no me sorprendió con su rica actividad profesional en pro de la mujer, que ya conocía y era el motivo del reconocimiento que nos llevaba a su residencia, lo hizo con su verbo ameno y sus relatos, esas deliciosas anécdotas, tal vez eclipsadas por los honores logrados por el médico, que aunque novedosas para mí, eran la expresión de otra vocación, la de escritor, ya plasmada en libros y columnas periodísticas. Un extraño regocijo fundado en el común amor por las letras me llevó a disfrutar con avidez cuanto de su producción literaria puso en mis manos. 

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ASI ERA EN 1940 MI PUEBLO NATAL

Por  Israel Díaz Rodríguez

EL PUEBLO

Solo eran tres calles siendo la principal la llamada DEL MEDIO, donde se verificaban  todas reuniones y festejos como , las carreras de caballos, mítines y todo lo de importancia que aconteciera; las  casas eran de bahareque, excepto la de mis abuelos paternos que era de paredes de tablas y techo de zinc, contrastaba el piso que era de tierra. Se comentaba, que mi abuelo tumbó la de bahareque para construirla porque un político le prometió que el pueblo dejaría de ser corregimiento para convertirse en cabecera municipal.

Y su casa de dos plantas con balcones sería la apropiada para instalar allí la Alcaldía con todas sus oficinas, lo cual nunca se cumplió; ni el pueblo se convirtió en cabecera municipal, ni la casa fue del todo terminada, pues aquel techo de zinc donde no se puso un cielo raso, durante el día era un infierno donde mis abuelos jamás pudieron hacer su acostumbrada siesta.

Se quedó siendo corregimiento del Municipio de Magangue. Por sus cercanías todo el  comercio se hacía entre la ciudad y el pueblo, de este llevando el producto principal que era  el queso dado que el pueblo era casi, podría decirse,  de ganaderos.

LA CIUDAD.

Yo tuve la suerte de conocer la ciudad capital a muy temprana edad por dos razones, la primera debido a que mi abuela tenía una tienda y todo el surtido se traía de la capital de manera que semanalmente  había que ir a buscar manteca de cerdo, petróleo, arroz, panela, azúcar, sal, pimienta, ajo, cebolla y otras vituallas de consumo en el pueblo para mantener siempre un buen surtido.

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Por Israel Díaz Rodríguez

Pedro Antonio nunca se puso zapatos, toda la vida usó abarcas que mandaba  hacer en la talabartería de Jorge Maya en la cual compraba también todos los aperos para sus caballos;   aperos consistentes en sillas de montar, frenos y jáquimas, que se las hacían en la talabartería a la medida de cada una de sus bestias.

En cuanto al uso de abarcas en lugar de zapatos cerrados, cuando se le preguntaba  por qué teniendo tanto dinero andaba vestido al igual que cualquiera de sus trabajadores. Respondía que así lo veían como uno de los suyos y lo respetaban más.

Del no uso de zapatos  decía::” los humanos somos  desagradecidos con los pies, estos que desde que uno comienza a caminar son los que soportan el peso del resto del cuerpo, se les tortura encerrándoles y privándoles de respirar el aire libre al cual tienen sobrado derecho”.

Consideraba además, que cada pie tiene cinco dedos, cada uno de estos requería -  agregaba -  libertad para mantener su forma y tamaño, de manera que si usted los somete a la tortura de un zapato, de hecho les está quitando la libertad para moverse a voluntad, cuando usted los coloca dentro de los zapatos, es como si los encerrara en un calabozo.

TRES ACTITUDES

Por Israel Díaz Rodríguez

 

Llegar uno a la edad a la cual yo he llegado,  permite observar los muchos cambios que va tomando cada generación y ello le obliga a aceptarlos  porque no de otra manera se podría seguir viviendo. Esto desde luego ha tocado todos los estamentos del diario vivir, desde luego el ejercicio de la medicina no podía ser ajeno a estos cambios.

Para corroborar lo antes dicho, voy a citar tres ejemplos de lo que a mí, personalmente me ha pasado al solicitar los servicios de colegas de diferentes especialidades que me permiten contar lo que me ha pasado. Con ello no pretendo descreditar – ni más faltaba – y mucho menos  poner en tela de juicio el proceder de uno de ellos, antes bien comprendo su proceder, su actitud considerando, los tiempos modernos y acepto que este colega vive el momento

PRIMER CASO.-

Tenía urgente necesidad de consultar a un dermatólogo por una lesión de la piel, naturalmente, llamé telefónicamente  al que consideré mi amigo, conste que le llamé personalmente, una vez establecida la conexión, le manifesté el por qué le llamaba a él y no a la secretaria, pues el resultado fue que el colega, mi amigo según lo consideraba, me dijo textualmente: “ llama a mi secretaria para que ella te de una cita”. Naturalmente no le dije nada pero tampoco llamé a su secretaria, pues lo consideré una descortesía  con su colega y   hasta ese día como amigo.

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