Editorial del mes

Miércoles, 10 de Junio de 2009 21:12 

 

Hacia dónde va la medicina en Colombia

Germán Barón Castañeda, MD

Expresidente Asociación Colombiana de Menopausia

Director Portal Web

 

Ya se han sobrepasado los 15 años de expedición de la Ley 100 que reglamenta la seguridad social en el país. Los médicos inicialmente creímos que no nos veríamos involucrados por ella, pero poco a poco nos convencimos que la nueva legislación nos había tocado y muy de cerca. De manera progresiva vimos perder la estabilidad laboral, el tiempo necesario para una buena relación médico - paciente y hasta el ambiente académico que gobernaba nuestros hospitales universitarios. Nuevos términos ingresaron a nuestro glosario, además de régimen subsidiado o vinculado, aprendimos de auditorías, glosas, de usuarios, comités técnico - científicos y hasta la detestable hora medico-quirúrgica.

Hoy con lo transcurrido desde la expedición de la Ley 100 es tiempo prudencial de evaluar su evolución, su reglamentación y de ese análisis desprender qué tantos beneficios ha traído al sistema, a los médicos y en último término a los pacientes que son la razón de ser de todos.

Sin duda un cambio trascendental fue la desaparición del Ministerio de Salud para ser fusionado con el de Trabajo. Por buena voluntad que exista, es imposible que un ministro llegue a dominar todos los temas relacionados con salud y con la parte laboral y necesariamente terminará por descuidar alguno de los dos. Es por ello que hoy vemos a Diego Palacios en una mesa de negociación con sindicalistas de algún ramo y mañana discutiendo la inclusión de medicamentos en el Plan Obligatorio de Salud - POS. El resultado ha sido que promesas como las que hiciera el presidente Uribe en campaña para su primer mandato de reforma a la Ley 100 se hubiesen ido por el traste en la Cámara de Representantes. Hay que pensar que las políticas de salud de los colombianos son extremadamente importantes y por ende ameritan un tratamiento especial.

Una de las grandes falacias que ha acompañado a la Ley 100 es la cobertura universal. Hoy la totalidad de la población del país debería estar cubierta pero los cálculos optimistas hablan que no se llega sino apenas a un 60%. Es posible que algunos estratos hayan tenido mayor facilidad de acceso a algunos servicios, pero a la vez la repartición de cupos para ingreso al SISBEN se convirtió en caballito de batalla para políticos de algunas regiones.

Tal vez el principal problema de esta legislación es el haber facilitado la intermediación en el campo de la salud. Aunque la idea inicial de la creación de EPS y ARS era la de tener entidades encargadas de captar afiliaciones y recaudar aportes para hacer operativo el sistema, se convirtieron en empresas que no sólo administran los recursos sino que establecen políticas de cuantos exámenes se pueden solicitar por paciente, del promedio de formulación y de otros tantos trámites para lograr minimizar el costo de atención y aumentar las ganancias de su intermediación. Cuando uno ha tenido la fortuna de trasegar en el sistema, ya no como médico sino como usuario, se da cuenta de la cantidad de tropiezos, trabas y trámites con los que se busca demorar o no prestar el servicio. La consecuencia de esto ha sido el aumento en indicadores como cáncer de cuello uterino, menores tasas de vacunación y otros que no disminuyen de manera importante como la mortalidad materna y perinatal. Los administradores de estos "negocios" han sido los encargados de alterar la relación médico - paciente al establecer límites estrechos de tiempo en la consulta y sobrecargar al médico de trámites administrativos dentro de la misma. Fueron capaces de inventar sistemas bastante sui generis en los que el concepto de un especialista con años de estudio y experiencia puede ser desvirtuado por un auditor que en ocasiones ni es médico. Esto sumado al sistema de contratación ha conducido a mermar el ingreso económico del profesional hasta tal punto que se pronostica que en pocos años el médico vivirá en estrato 3. Por lo tanto se puede pensar que en algunos aspectos la Ley 100 no ha sido conveniente ni para el paciente ni para el médico.

A pesar de ello hoy nos maravillamos de ver como los honorables padres de la patria condecoran en el Congreso de la República a Entidades Promotoras de Salud por su excelencia en la calidad de atención. Seguramente ninguno de ellos ha hecho horas de espera en una sala para obtener respuestas de regresar 20 días después por una autorización luego que haya evaluación por un Comité técnico - científico.

Al mirar qué ha pasado en el campo del climaterio, el panorama no es muy halagador. Al finalizar la década de los noventas se habían creado clínicas de menopausia en varias instituciones, pero a raíz de la publicación de estudios en el año 2002 con los que se podía achacar a las hormonas riesgos injustificados, hubo la disculpa precisa para hacer que éstas fueran desapareciendo paulatinamente. Hoy quedan incluidos en el plan obligatorio de salud diversos procedimientos y exámenes pero disgregados. Se perdió aquello por lo que hemos luchado tanto en el seno de la Asociación Colombiana de Menopausia, el manejo integral de la mujer madura.

Por lo anteriormente expuesto se puede ver que aunque la Ley 100 ha tenido la mejor de las intenciones, su aplicación desde el punto de vista operativo aún presenta muchas falencias y no ha sido del todo benéfica para médicos ni para los pacientes o usuarios como se les dice hoy en día. Ojalá algún día las autoridades de nuestro país se den cuenta de las fallas que hay y de cómo gran parte de los recursos se escapan en manos de intermediarios para que empiecen a buscar soluciones y así evitar llegar a una crisis o colapso del sistema.

  

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