Editorial del mes

Lunes, 13 de Abril de 2009 13:38 

 

Lo que ha sido y debe ser nuestra Asociación

En el campo de la Medicina, la unión entre los hombres siempre ha distinguido el progreso científico y la divulgación del conocimiento. Desde las épocas de Hipócrates, se enfatizó en las "escuelas" médicas, en la confluencia de diferentes conceptos y modos de ver la salud y la enfermedad, y se iniciaron los primeros textos médicos conocidos como "aforosmos hipocráticos". Así, en la antigua Grecia -el mundo panhelénico- y Roma -el mundo latino- floreció la Medicina a la par de otras ciencias y artes, y, siglos más tarde, en la Edad Media, mientras Europa se hundía en el oscurantismo y en un milenio de encerramiento, los árabes conquistaban el sur de Europa, el norte de África y el occidente de Asia y florecía su civilización alrededor del mediterráneo, llenando de luz todas las ciencias (las matemáticas, la astronomía y, por supuesto, la Medicina), fundando escuelas médicas tan famosas como la de Andalucía y produciendo científicos de gran renombre como Albucasis, Avicena y el famoso Maimóniodes, cordobés que hizo famosa aquella frase que debe guiarnos en la búsqueda de la verdad y la sapiencia: "Enseña a tu lengua a decir "No sé".

 

Con el renacimiento y su más puro símbolo, la belleza de Venus saliendo de la ostra que tan suavemente pintó Sandro Boticelli, el advenimiento de la industria, la revolución francesa y su hijo dilecto -los derechos del hombre-, y la llegada de las democracias a Europa y América, un soplo de libertad trajo consigo -era de esperarse ya que los pájaros nunca cantan en las cuevas- el avance de las ciencias y, en especial, las ciencias médicas y fue así como nacieron las primeras sociedades científicas en Europa y América, tal como las conocemos hoy, con sus estatutos, sus órganos de difusión y sus membresías. Colombia, por fortuna, no fue ajena a esas inquietudes académicas y gremiales y con el siglo XX vieron la luz nuestras más antiguas sociedades médicas, hoy pujantes, útiles y progresistas.

La Asociación Colombiana de Menopausia, con tan solo quince años de existencia, es una sociedad científica joven pero no por ello carente de su propia historia. Este libro del Dr. Israel Díaz, maestro de tantas generaciones, amigo de tantos afectos, hombre de tantas virtudes y médico de tantos pergaminos, cuenta la historia de nuestra muy querida Asociación y, en mi caso particular, trataré en los renglones siguientes, de esbozar algunas ideas que más que nada se constituyen en una propuesta de lo que ha sido y debe ser nuestra sociedad.

Sabido es que con la tecnología, la expectativa de vida ha aumentado en el último siglo de manera acelerada. Según el DANE, en la mujer colombiana ésta expectativa de vida se coloca en 75 años. Pero la edad de la menopausia no ha cambiado en milenios. Al ser la hembra humana, uno de los pocos mamíferos que vive mucho tiempo más después de que cesa su capacidad de parir, inexorablemente pasará una parte muy importante de su ciclo vital en un estado de menopausia e hipoestrogenismo. Sin embargo, y a pesar de ser la menopausia una etapa fisiológica, ello no significa -como pretenden algunos- que debamos quedarnos impávidos como simples espectadores ante el deterioro de la mujer, sino por el contrario debemos acompañarla, prevenir las secuelas de esta "deficiencia hormonal" más aún cuando va de la mano de esa enfermedad mortal llamada envejecimiento.

Nuestra asociación debe, pues, llevar la vocería desde el punto de vista científico de esa muchedumbre de mujeres mayores, de "Mujeres avanzando" (como bien se denomina el programa que tenemos hace varios años en el Hospital Central de la Policía Nacional donde tengo el privilegio de trabajar), de seres humanos que buscan en nuestra Asociación una respuesta objetiva, imparcial y actualizada a sus inquietudes, dudas y cuestionamientos.

Tan o más importante es la labor que debe desarrollar nuestra Asociación en ser el punto de confluencia de diferentes actores en el proceso de apoyo y acompañamiento de la madurez femenina. Es así como internistas (con todas sus sub-especialidades), geriatras, reumatólogos, psiquiatras, endocrinólogos, fisiatras, ortopedistas, etc. y profesionales no médicos, v.g. enfermeras, nutricionistas, psicólogos, antropólogos, filósofos, etc. y de todas las disciplinas del saber humano interesadas en este tópico, deben tener cabida en nuestra Asociación. De la unión de todos saldrán propuestas más racionales, ideas más centradas, opiniones más

elaboradas y, finalmente, propuestas y acciones más integrales para conseguir el objetivo común: el bienestar de nuestras mujeres mayores.

La Asociación debe también ser una receptora y procesadora de la información científica relacionada con esta etapa de la mujer. Resulta imposible conocer la cascada de información que por diferentes medios aparece a diario acerca de la salud femenina. Imposible para el público, para los médicos y para los entes sanitarios. Es por eso que se requiere que alguien la analice, la clasifique, la "digiera", la procese, la evalúe y, finalmente, la difunda. Es nuestro deber. En esto todos los miembros sí que debemos participar. Y nuestra revista y la página web deben ser difusoras y socializadoras. Así mismo, y muy importante, la Asociación debe estar dispuesta a responder y cuestionar, cuando corresponda, la información sesgada, errada, desactualizada o tendenciosa, e inclusive avalar y aprobar con su posición la que es veraz y objetiva. Debe estar en contacto con los medios de comunicación, las demás sociedades científicas, las universidades, la industria farmacéutica, las ONGs, los entes gubernamentales regulatorios, y todos quienes manejen información al respecto. En resumen: debe ser un faro.

En un contexto algo diferente, la Asociación debe recoger información netamente científica (últimos estudios clínicos, advenimiento de nuevas moléculas, estudios observacionales de nuestra población, consensos de otras sociedades, etc.) para difundirla entre sus miembros, no sin antes traducirla -si es el caso-, analizarla y discutirla en eventos o foros académicos que deben llevar nuestro sello, lo cual debe ser garantía de imparcialidad, objetividad y rigor científico. Todos los miembros deben trabajar en esto y nuevamente nuestros órganos de difusión deben ser promotores de la socialización.

En relación con la industria farmacéutica, se debe trabajar en un marco de independencia, mutuo apoyo y -lo más importante- la búsqueda de objetivos comunes que no deben ser diferentes al bienestar de la mujer mayor. Sin el apoyo de la industria, difícilmente podrían hacerse eventos científicos y los médicos asistir a ellos. Esto no solo se ve en nuestro país sino en todo el mundo. Cuando asistimos a eventos internacionales observamos el mismo fenómeno: permitir que la industria haga mercadeo de sus productos es el precio que hay que pagar para poder contar con su apoyo financiero. En esto no debemos ser absolutistas sino más bien exigentes y hábiles y cuidadosos en las negociaciones. Ahora bien, corresponde a los miembros de la junta directiva de la Asociación el trazar márgenes claras de respeto e independencia en este trabajo en conjunto. No hay duda de que puede lograrse y puede -y debe- trabajarse en armonía. Así mismo, en la participación individual de alguno de los miembros, v.g. conferencias, foros e intervenciones en eventos científicos sean o no patrocinados por la industria, deben dejarse en claro los conflictos de interés enumerando quienes han apoyado al participante o a quienes ha brindado algún tipo de asesoría para que, así, el auditorio conozca y evalúe la objetividad de la información que se va a presentar. Esto implica, por supuesto, que se debe estar dispuesto a la discusión y confrontación científica de lo presentado dentro de un marco de respeto, altura y cordialidad, buscando siempre -tarea infructuosa pero loable- la búsqueda de la verdad.

"Estamos en la era de la multiplicidad de medios y confusión de fines" escribió Albert Einstein. Nuestra Asociación debe marcar derroteros, debe ser una guía, debe ser un punto de referencia en la salud. Debe ser un medio para intentar un mejor estar de nuestras mujeres mayores, un medio honesto, claro y desapasionado. Cada uno de sus miembros y más aún si pertenecen a alguna de nuestras juntas directivas, es un embajador de la Asociación. La corrección en su comportamiento, la coherencia intelectual, la sencillez en su trato, la alegría en su trabajo, la laboriosidad en su día a día y, finalmente, la responsabilidad y seriedad en sus actos hará que el "todo" de nuestra Asociación corresponda a lo que cada uno de sus miembros aporte con sus palabras, sus ideas y sus actos.

Así, pues, cumpliremos los objetivos trazados en los estatutos y no seremos inferiores a los compromisos que conlleva el ser miembro de la Asociación Colombiana de Menopausia, nuestra Asociación.

Dr. David Vásquez Awad

Presidente

Asociación Colombiana de Menopausia

  

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